Columna del Editor: De la Batalla con el Monstruo de la Monotonía y de Cómo Salir Vivos en el Intento

Creo profundamente que cuando terminamos haciendo algo de forma mecánica, repetitiva y monótona, después de un tiempo, ya no tiene sentido seguir haciéndolo. Esto ocurre en muchas oportunidades de nuestras vidas, en muchos tipos de situaciones.

Para explicarme mejor, quiero ponerlos en contexto en primer lugar:

Todos realizamos distintos tipos de actividades a lo largo de nuestras vidas, desde estudiar en el colegio, pasar por algún o algunos trabajos, e incluso cambiar pañales en algún momento.

Y dentro de la vida de cada uno, este tipo de cosas ocurre con mayor o menor frecuencia, a veces, con tanta frecuencia que después de realizar la misma cosa una y otra vez, ésta se vuelve aburrida y agotadora por la falta de variación que ésta sufre.

Claro que no les puedo decir abiertamente que si les aburre, dejen de hacerlo, porque todos sabemos que la vida no funciona así. Había ocasiones en las que no había nada más interesante que pensar en la posibilidad de dejar de ir al colegio y simplemente dedicarme a jugar videojuegos todo el día.

Tampoco un padre de familia dejará de alimentar a su hijo porque su trabajo le parece pesado.

Entonces ¿A qué me refería cuando empecé este artículo?

Me refería a esa sensación propia de todo artista. Ese momento en el que fotografiamos porque es nuestro trabajo, o para no perder  la costumbre o la técnica, aunque lo que se muestre luego sean resultados mediocres y nada parecidos a aquellos que obtuvimos cuando recién empezamos en el arte.

Ese momento en el que escribo para no dejarlos a ustedes sin nada que leer, o para que mi contador de visitas no disminuya.

Perder la pasión por el arte puede ser un grave riesgo para nosotros mismos y para lo que hacemos, no sólo se convierte en una carga tediosa de llevar, sino que aquellos a los que les toca apreciar nuestro trabajo, se ven obligados a encontrarse con algo vacío y carente de palabra, de fuerza.

Es cierto que cuando sentimos que estamos estancados, tenemos que pararnos un momento, recapacitar, y buscar la manera de recordar cuál fue la principal razón por la que decidimos abordar este tren, el motivo que nos llevó a dedicarnos a la fotografía, qué planes teníamos al empezar, nuestro progreso desde entonces...

Hagámonos estas 2 preguntas, esenciales para saber si vamos por buen camino. La primera es:

•¿Fotografiar hace que el tiempo que le dedico valga la pena?

•¿Por qué hago esto?

No les voy a decir cuáles son mis respuestas, ni cómo deben responderlas, pero les cabe a ustedes, y sólo a ustedes, responderse con total honestidad. Recuerden que la comodidad nos vuelve perezosos.

Siempre puede que en realidad estemos confundiendo monotonía con falta de inspiración -que no son lo mismo-, y quizás solo necesitamos un descanso para inspirarnos, y volver posteriormente con mayor fuerza y la pasión recuperada. Después de todo, queremos algo con mayor intensidad cuando lo extrañamos.

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