Columna del Editor: Los Concursos de Fotografía ¿Cuál es su Fin? ¿Son Realmente Útiles?


¡Feliz Navidad a Todos y un Próspero Año Nuevo! Les desea la People de PhotoBlog!

Espero que estén pasando una Navidad amena, ya saben, con sus familias, amigos, engordando con las comidas tradicionales de esta época (Y se los digo mientras me como un Sándwich de Pavo). Así que para contribuir al espíritu de tranquilidad que flota en el ambiente, quiero continuar con la Columna Grupal sobre el tema de los Concursos de Fotografía, publicando hoy mi opinión sobre el tema, así como lo hizo Rubén Arteaga en su artículo.

Cortesía de Wikipedia.org


Así que, sin más preámbulos, mi columna:



Los concursos de fotografía, en mi opinión, tienen variados objetivos, entre ellos, además de la altruista labor de consagrar a artistas reconocidos, o elevar al conocimiento público a los nuevos, tiene la tarea de lograr, mediante el impulso de la competitividad, la mayor participación posible de todos los adeptos a este arte, en otras palabras, manifestar la presencia de la fotografía entre la ciudadanía.

Por supuesto, entre todos estos fines, están los de elevar el estatus de la organización o empresa que lo promueve, y conseguir, más que nada, gran renombre como promotor cultural. Si nos ponemos a pensar, con el sólo hecho de mencionar el “Hasselblad Masters”, empezamos a arrancarnos los pelos, y, dentro de todo, este es un concurso más, claro que, con la diferencia de que este implica miles de dólares en premios y fama inconcebible de otra manera para los grandes ganadores.

Si incluimos otros fines, en muchos otros casos, podemos mencionar el fomento de elementos culturales que necesitan recibir mayor atención dentro de una sociedad, como por ejemplo, la Actividad Agrícola y Ganadera del Concurso de Fotoperiodismo de New Holland, o los concursos nacionales en pos de los Derechos del Niño y la Mujer. Tópicos de este estilo, que buscan tocar el lado sensible de la ciudadanía.


¿Para qué otra cosa sirven los concursos fotográficos?


A mí personalmente, me encanta conocer a otros fotógrafos y fanáticos del medio, y llegué a la conclusión, de que muchas personalidades particulares, necesariamente se encuentran rondando el ámbito artístico. Pero esto bien que puede ser algo que sólo lo consideramos algunas personas, a otras simplemente esto de conocer gente nueva entre los “enemigos”, o mejor dicho, competidores, simplemente no va.


¿Causan estos concursos realmente un impacto positivo en nuestra manera de fotografiar?


Creo que participar contra otros fotógrafos, necesariamente crea una mayor exigencia sobre la forma con la que componemos  nuestros trabajos, y además de eso, nos obliga a trabajar sobre ciertos criterios, definidos, ya sea por lo que se establezca en el reglamento, por la manera de juzgar de los jueces -si es que éstos son personas conocidas en el medio- o bien, juzgándolo en base a los ganadores de ediciones anteriores.

Lo cierto es que participar en un concurso, si decidimos hacerlo bien, se convierte en algo más que enviar una fotografía, y se transforma en toda una tarea de investigación, análisis, planificación y valoración. Incluso el sólo hecho de aprender a elegir una foto de entre varias que nos gusten, se vuelve una tarea a veces, muy pero muy complicada.

Es graciosa la manera con la que pensé que responder a la pregunta “¿Para qué sirven los concursos?”, se podría realizar en apenas 1 o 2 párrafos, pero a medida que escribo esto, me doy cuenta de la verdadera naturaleza de los concursos fotográficos… sacar lo mejor de nosotros. Y cómo una premisa tan simple puede volverse algo tan complejo.


¿Qué influencia genera un concurso sobre el panorama del arte fotográfico en nuestra sociedad?


Después de que hayas sido declarado ganador de un concurso, la percepción que tiene la gente de ti y de tu fotografía, se vuelve totalmente distinta. Éste hecho se ve a simple vista en todo artículo o entrevista en la que aparezca algún fotógrafo famoso: “Él es el internacionalmente premiado… Chase Jarvis”, por ejemplo, y luego mencionan qué tipo de trabajo hace, y en inglés va así: “The award winning photographer... Chase Jarvis”. Es decir, el hecho de ser premiado simplemente ya cambia el título. La influencia real que tienen los concursos sobre la percepción social es impresionante.

Ya de por sí, el sólo hecho de participar en uno, ya eleva de alguna manera nuestra autoestima como artistas, en un estilo de vida en el que hay caídas depresivas cada 2 por 3: “Mis fotos no son buenas”, “¿Será que con esto soy capaz de competir contra los más grandes”? Lo que hacen los concursos es ayudarnos a responder esto, y ayudarnos a levantarnos si caemos más de una vez.

Siguiendo con el tema del panorama social, en los concursos de mayor renombre, usualmente las mejores obras resultantes de cada certamen, suelen ser expuestas a todo el mundo, haciendo que la gente se interese más por saber del tema del que hablan, y qué hace a esas fotografías obras invaluables… o no.

Como la fotografía es un arte completamente visual, se convierte en un medio de expresión capaz de ser apreciado literalmente por todo aquel que lo vea. Por esta razón es que vemos concursos de fotografía con mayor frecuencia que concursos de algún otro arte en particular.


¿Tiene sentido dejar la valoración de nuestras fotos al arbitrio de personas cuyo criterio puede llegar a ser tan válido como el de cualquier otro espectador?


Estas personas comúnmente reciben el nombre de jurado. En los concursos con mayor organización y reglamentos estructurados, necesariamente se establecen cuáles son los criterios que utilizan estas personas, generalmente elegidas por los organizadores, para juzgar qué fotografías se merecen estar entre los primeros lugares de un certamen.

El jurado, a modo de no causar disconformidad o desconfianza entre los participantes de la competencia, debe estar compuesto por personas cuya trayectoria los defina como conocedores en el arte, personas que puedan demostrar ser objetivas, pero que a la vez puedan ser capaces de entender el significado subjetivo de cada foto, personas cuya honestidad y probidad pueda ser comprobada.

Pero el verdadero problema no surge al momento de conocer quiénes son los jurados, sino al pensar: “¿Serán realmente capaces de entender el significado que le quise dar a mi foto?”.

Como mencioné un poco más arriba, los jurados deben ser capaces de entender el significado subjetivo de cada foto, pero al mismo tiempo, el significado subjetivo es eso, es lo que cada persona pueda entender de acuerdo a lo que ve.

Y si esto es tan personal, tan propio de cada uno, ¿Qué diferencia a un miembro del jurado de una vecina del barrio? ¿Acaso la opinión de ella no resulta tan importante como la de éste?

Y veremos que aunque la vecina pueda expresar libremente su opinión sobre la foto, opinión que debemos aprender a considerar como válida (Aunque nos duela), en general, no sabrá realmente definir por qué le gusta o disgusta tanto la foto.

Se supone, y ojo, porque sólo puedo suponer, que alguien que es electo jurado, ha aprendido lo suficiente sobre el arte y el gusto humano, y sobre factores técnicos (Objetivos), como para ser capaz de determinar qué elementos hacen qué tal foto le resulte agradable o desagradable, y saber asignarle a cada uno (Encuadre, foco, colores, elementos en la imagen, etc.) un puntaje determinado, en base a lo que establece el reglamento.

Para mí, ésta es la característica que convierte a estas personas  en aptas para determinar qué obras serán las ganadoras de un concurso. Si sólo se trata de alguien que emite una opinión subjetiva, ese trabajo se lo podemos dejar a alguien más… digamos, a la vecina del barrio.


No todos percibimos las decisiones de estas personas como acertadas cuando perdemos, y es parte integral de nuestra naturaleza, y la del propio concurso. Entonces ¿Lo hace esto menos valedero?


El problema con el arte es que todos amamos lo que creamos, y ver que alguien más prefiera la obra de otro sobre la nuestra, es realmente demoledor, especialmente en ese momento en que vemos a la ganadora, y pensamos: “No es tan buena”.  Probablemente no lo sea, pero de igual manera, lo mejor que podremos hacer, es pensar en qué es lo que nos impidió ganar, y dejar de lado las ideas de complots y corrupción de por medio.

Lo otro que podemos realizar, es quejarnos frente a alguna injusticia que hayamos percibido durante la evaluación de las obras, si es que realmente nos damos cuenta de que existió mala fe en el jurado.

Pero en el mejor de los casos, y en la mayoría de - por lo menos - los grandes concursos, perderemos por razones objetivas, frente a obras que realmente supieron imponerse frente a las nuestras, y aprender de nuestros errores no sólo será difícil, sino que también será muy satisfactorio. 

Y ésta es la esencia de todo concurso ¿no? Mejorar…


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