Crónicas de Guerra: Mi Experiencia Fotografiando la Línea de Frente en la Guerra Civil Siria - Completo (Actualizado)



Hace frío. El aire pica mis oídos, y mis manos están entumecidas. Me coloco de vuelta los guantes y vuelvo a amontonarme en la esquina del patio.  Es diciembre en Alepo, y el aire es amargo, pero la abrumadora sensación de terror viene no del frío, sino por encima de nuestras cabezas. Temprano en la mañana, mediodía, a lo largo de la noche; el bombardeo aéreo no para. El sonido de un jet zumbando sobre mi cabeza, y esos terribles rastros de humo blanco mientras los misiles son lanzados. Explosiones distantes, y luego más cercanas. Ataques de mortero también. Silencio y luego una explosión.


Los objetivos no están claros, y reportes de ataques recientes en escuelas y hospitales dejan claro que los jets están activamente apuntando tanto a civiles como a fuerzas rebeldes. No es probable que reciba un impacto de ataque aéreo esta mañana, ya que estoy a un edificio de distancia de las fuerzas del gobierno, y los aviones no se arriesgarían a acertar a sus propias tropas. Cazas ELS hacen remolinos alrededor y pasando por encima mío. Algunos están cargando armas, otros, gritando. Estoy en una de las muchas líneas de frente de la batalla de Alepo, documentando la batalla del Ejército Libre Sirio por la ciudad.

Fuego de ametralladora erupciona a unas cuantas yardas de distancia de mi posición, y los cartuchos de bala se esparcen en el piso a mis pies. Soy el único occidental aquí, y estoy rodeado por hombres jóvenes que dicen que están en la Jihad. Una granada explota. Gritos de  "Allahu Akbar" rompen a través del ruido. El fuego de las armas se intensifica y cierro mis ojos. Todo lo que pasa por mi cabeza es "¿Fui muy lejos esta vez? ¿Por qué diablos estoy aquí?"



Empecé en la fotografía cuando estaba en secundaria, y mi viaje por el medio me ha llevado desde la fotografía de estudio, a pasar años en Asia, luego a documentar problemas sociales, y ahora conflictos. Ha sido un camino intrincado, pero el medio es esencial para la persona que soy y las historias que quiero contar.

Personalmente, no creo que haya una mejor forma de explorar qué lugar ocupo en este mundo, mientras me permito compartir mis experiencias y las situaciones que otros están enfrentando, que a través de la fotografía. Esto también significa continuar explorando las diferentes formas de fotografía y cómo ellas pueden ser usadas separadamente y en unísono.

Fotografiar en una zona de guerra es estresante y desafiante. A diferencia de otras formas de fotografía, en donde lo más importante es conseguir la foto, lo más importante en un conflicto es estar seguro. Así que más allá del equipo y las configuraciones, está el encontrar gente en la que confíes, concentrándote en construir relaciones que puedan mantenerte vivo, teniendo un seguro, comiendo las comidas correctas, encontrando agua limpia, y evitando francotiradores y fuego amigo - todo mientras constantemente intentas hacerte a la idea de lo que se está materializando frente a ti.

Mientras estuve en Siria, disparé principalmente con mi DSLR, porque cuando realizas material orientado a las noticias, debes de poder subir las imágenes rápidamente. Hay fechas límite, y si algo grande ocurre, necesitas enviar las fotos inmediatamente. También utilicé mi Nikon F100 y un iPhone. Adoro disparar con mi iPhone, ya que cambió completamente la manera con la que realizo fotos. Tener siempre una cámara pequeña conmigo realmente ha hecho una gran diferencia en la frecuencia con la que fotografío, y en las imágenes que puedo capturar.

Incluso, casi puede hacer más fácil el fotografiar en zonas de conflicto o de desastre. En situaciones como la de la crisis en Siria, no todo el mundo quiere una foto suya, y las situaciones pueden tornarse enfermizas al ver una lente, pero el poder sacar una pequeña cámara como la de un iPhone y tomar unas cuantas fotos sin que nadie se de cuenta es una ventaja increíble. Ya que es poco común que las personas se percaten de un iPhone, también puedes mantener la situación natural, y no crear una escena montada por el hecho de sacar el enorme cuerpo de una cámara - un factor de extrema importancia cuando se documenta una situación. 



Por ejemplo, yo estaba en camino a Alepo junto a una brigada de soldados del Ejército Libre Sirio que recién había conocido; aplastado en el asiento trasero y sentado junto a un hombre joven con una Kalashnikov a su lado. Sólo había podido decirle algunas palabras antes de meternos al auto, y sabía muy poco acerca de su forma de ver a los reporteros, o de cómo se sentía al ser fotografiado. Tampoco estaba seguro de cuánto habló en inglés de nuestra pequeña interacción antes de viajar juntos a las líneas de frente de una zona de guerra.

Parecía tímido, pero tenía un arma cargada en su mano, y si hay algo que puedo decir con certeza, es que hay que respetar a un hombre, no importa qué tan joven, con un arma. A medida que circulábamos a través de los caminos polvorientos del norte de Siria, con melodías de guerra sonando en la radio, mantuve mis cámaras fuera de vista. Pasamos de largo personas amontonándose alrededor de barriles de combustible, "bread lines" (Término en inglés: Líneas de personas esperando recibir comida otorgada por una organización caritativa o agencia pública), estelas de humo levantándose por sobre los pueblos debido a ataques recientes de jets. Atravesamos puntos de control provisionales, en los que hombres armados demandarían que el auto pare para poder chequear el interior.

Era dolorosamente obvio lo caótica que se había vuelto este área del país. El gobierno había perdido esta parte de Siria del norte a manos del Ejército Libre Sirio, que ahora estaba luchando por mantener el control del mismo, mientras que a la vez, desesperadamente intentaba asegurar que el petróleo y la comida fueran abastecidos a la población local - algo en lo que fallaban miserablemente.  A causa de lo que estaba ocurriendo fuera del auto, y que los soldados que recién había conocido me rodeaban, la única manera por la cual podría tomar fotos fue con mi teléfono, con el cual daba la impresión de que estaba mirando la hora, más que en realidad realizando una foto.



Disparar con film, de igual manera, es un romance mío de hace mucho tiempo, y del cual quería tomar ventaja mientras cubría el conflicto. No muchos fotojornalistas de guerra disparan con rollo, a causa de los plazos y lo fáciles y avanzadas que se habían vuelto las cámaras digitales, pero igual pienso que la imagen creada desde el film es hermosa, y por sobre todo me hace prestar más atención cuando presiono el obturador.

La mayoría del tiempo que pasé en Alepo, se desarrolló en callejones oscuros y edificios destruidos cerca de las líneas de frente. Los francotiradores controlaban las calles, tejados, y básicamente cualquier parte en la que hubiera un rayo de luz. Si pensabas que alguien podría verte desde la distancia, ellos probablemente podían, y podían probablemente matarte. A causa de esto, mantenerme dentro y correr rápidamente de edificio a edificio era importante. Los soldados y los civiles habían creado túneles para moverse alrededor de la ciudad. No se podían permitir salir al exterior para ir a la siguiente casa o apartamento, así que tuvieron que atravesar las paredes.

Terminé quedándome con un grupo del ELS que luchaba por la Ciudad Vieja de Alepo. En el centro de la Ciudad Vieja se encuentra la Ciudadela de Alepo. Su ubicación en una gran colina le da la mejor vista del área entera, y también la hacía la estructura más alta. Resultó que también era controlada por las fuerzas de Assad al momento en el que llegué, y tenían tiradores ubicados sobre las paredes, observando el área en el que me quedaba. Si podías ver la Ciudadela, la Ciudadela te podía ver, así que la última cosa que iba a hacer era estar en la terraza, cerca de una ventana, o en una calle que mirara al castillo en la colina.

Desafortunadamente, el rollo que traje conmigo no era exactamente el que debería de haber cargado para las situaciones en las que me encontré. En los Estados, usualmente disparo en ASA 400/800, lo cual funciona bastante bien para fotografía callejera de acción lenta en exteriores, y para paisajes, pero era un sufrimiento intentar disparar con esos rollos en Alepo.

No solamente las condiciones de luz eran horrorosas, debido al lugar en el que me encontraba la mayor parte del tiempo, sino que la acción es rápida y de cerca. Usualmente me encontraba disparando y esperando que el desenfoque no fuera muy fuerte, o que los haces de luz que atravesaban la oscuridad no sobre-expusieran la foto. Los resultados que salieron no son algo de lo que pueda estar muy feliz, pero algunas de las imágenes capturaron exactamente lo que necesitaba que capturaran.



La brigada "Abu Baker", del Ejército Libre Sirio, fue con la que pasé la mayor parte del tiempo en la ciudad. Ellos se pusieron ese nombre, en honor al suegro del profeta islámico Mahoma, y eran musulmanes devotos. Era una colección de amigos y vecinos que creció en los suburbios del noroeste de Alepo, ellos se habían unido para luchar contra el régimen de Bashar Al-Assad.

Para aquellos que no lo saben, el conflicto Sirio empezó en el 2011, cuando las protestas pacíficas contra el régimen fueron violentamente aplastadas, y los activistas cambiaron sus alto-parlantes por armas, en un intento de derrocar al dictador que vieron como enemigo.

El país está compuesto por una variedad de grupos étnicos y religiosos. A pesar de que la mayoría de los Sirios son musulmanes suni, el gobierno está controlado por Assad y, principalmente, su secta Alawita. La rebelión empezó como muchas otras en la Primavera Árabe, con la mayoría de la población buscando mejores derechos bajo un régimen represivo.

El grupo de luchadores con el que estaba, era conformado por sunis, y se oponía vehementemente a Assad y a sus fuerzas. Muchos han perdido familia y amigos desde el inicio de la guerra, y ya se habían pasado el punto del mero compromiso. Querían el control de su país y expulsar  al dictador que culpaban por la masacre de tantos de sus compatriotas. Pocos de ellos eran soldados entrenados antes de la guerra. Eran enfermeros, mecánicos automotrices, y estudiantes universitarios. Ciudadanos comunes que tomaron armas para luchar en una guerra civil en su propia patria.

Gran parte de ellos mencionó que estaba en una Jihad en contra del régimen que estaba masacrando musulmanes (A pesar de que, técnicamente, también estaban matando musulmanes). Miraban las noticias internacionales diariamente, así que tenían puntos de vista particulares tanto de Burma como hasta de las películas de Hollywood (Uno de los luchadores más jóvenes me preguntó en privado si es cierto que todos los estadounidenses perdían su virginidad en la "noche de graduación", algo que había visto en más de una película de adolescentes).

Más importante para la conversación  ahora es el hecho de que ellos estaban preocupados y enojados por la falta de participación del occidente. Estaban hartos de las Naciones Unidas y su inhabilidad para detener el derramamiento de sangre en su nación, y de cómo se sintieron abandonados después de dos años de llamados de auxilio sin contestar, a naciones como EE.UU. o el Reino Unido. Se burlaron de la "línea roja" de Obama para esbozar como Assad podía matar a sus vecinos, y no podían entender por qué el oeste se negaba a darles más ayuda. Ahí se sentaron, en un edificio bombardeado, en las líneas de frente de una zona de guerra en la ciudad más grande de la nación, con ametralladoras y balas escondidas que me decían que al mundo no le importa sus familias fallecidas.

Todo el mundo tenía historias, y algunos estaban más que dispuestos a compartir las suyas. Siempre consideré importante el apreciar lo que estás capturando. No me refiero a tomar un lado en el conflicto, pero apreciar los proyectos en los que estás trabajando. Cuando te importa, puedes empatizar, y cuando lo haces, te acercas más a tus sujetos.

Probablemente la frase de fotografía más famosa, por el gran fotógrafo de guerra, Robert Capa, es: "Si tus fotos no son lo suficientemente buenas, no estás lo suficientemente cerca". No creo que él haya estado refiriéndose a la distancia física. El apego emocional a una historia te dará mejores resultados que cualquier otra cosa. Cuando le pides a alguien que te cuente sobre la muerte de su hijo y luego levantas la lente como para tomar una foto, tus sentimientos se manifiestan tanto como los suyos. Tus sujetos sabrán si te importa, y tus fotos lo mostrarán.


Terminé mi trabajo en Siria pasando varios días en los campos de refugiados provisorios en el lado sirio de la frontera turca. Miles de personas se habían congregado cerca del cruce fronterizo. Habían huido del conflicto en áreas vecinas, y estaban intentando cruzar a Turquía. Aquellos que no podían cruzar, debido a la falta de documentación apropiada, o a la falta de dinero para pagar a los contrabandistas para meterlos a Turquía, habían hecho del área su nuevo hogar. Carpas extendidas en el polvo, ropa colgando de cuerdas suspendidas alrededor del campamento, y basura acumulada sólo a una pequeña distancia de donde la gente dormía. Tenían menos de diez doctores para lidiar con la crisis, y tanto los suministros de comida como de agua escaseaban.

Mientras pasaba tiempo caminando a través de líneas de tiendas, la gente me contaba sobre sus vidas y las dificultades que tuvieron que enfrentar desde que el conflicto había empezado, hace más de dos años. Era un lugar increíblemente miserable, lleno de gente en las peores situaciones imaginables. Historias de familias dejando sus hogares después de que éstos fueran bombardeados, luego viviendo en una carpa en el parque local, el cual también fue bombardeado, y finalmente huyendo de su pueblo hacia la frontera. Muchos usaron todo el dinero que tenían para llegar hasta aquí, y no sabían cuánto más podrían sobrevivir al invierno. Estaba helando en enero, y todos los árboles que rodeaban al campamento habían sido talados para obtener leña. Cual petróleo se encontraba disponible para generar calor, se había vuelto tres veces más caro en comparación a lo que costaba en inicios de la guerra.

Cada historia que la gente compartía conmigo era horrible, a medida que persona tras persona describió como la guerra había destruido sus vidas. Algunas hablaron de paz, pero el clamor abrumador de la gente viviendo en el campamento era por apoyo internacional. No entendían por qué las Naciones Unidas, y los Estados Unidos en particular, no habían hecho nada acerca de la guerra. Muchos estaban angustiados, y otros estaban categóricamente furiosos por la inacción del mundo en medio de su calvario. El mundo ha visto la situación en Siria ir de mal en peor por más de dos años. 

Más de cien mil personas han sido asesinadas - un estimado de cien por día. Es fácil sentarse y cambiar el canal saltando las pocas historias de Siria que llegan a nuestros medios de comunicación, porque no nos afecta. Existe una idea subyacente de que gente muriendo a miles de kilómetros de distancia, que no se parece en nada a nosotros, y que no tiene similaridades culturales con nosotros, significa menos que la muerte de una persona bajando la calle o lo que una celebridad ha comido en el desayuno. En una situación de tal sufrimiento y angustia como la guerra civil, cuando un chico explica la muerte de su hermano en las manos de la máquina de guerra, y luego te pregunta, por qué el mundo no está ayudándolo, la única respuesta honesta es que no le importa, pero entonces ¿Cómo puedes decirle eso a alguien?


De vuelta en aquel frígido patio de Alepo, a medida que gano mi aliento y levanto mi cámara para enfocar la acción descargándose frente a mi, noto a un adolescente con la periferia de mi ojo. Él está caminando a través del patio, cerca mío. En los vahos del fuego de arma que se esparcía, me di la vuelta y le pedí que posara para mí. Sostiene su arma atrás del cuello. La bandana roja en su cabeza señala a otros a qué brigada pertenece. Su chaqueta atiborrada con cartuchos de balas y granadas caseras. Él tiene 18 años, y afirma, como muchos luchadores del ELS, que está en una Jihad. Tomó un arma luego de que su hermano fuera asesinado por las fuerzas de Assad luchando por Alepo. Tomo un suspiro profundo y capturo su foto. Cómo llegué a este punto resulta obvio. El Por Qué, está frente a mí.

Sobre al autor: Radicado en Chicago, Cengiz Yar Jr. es un fotógrafo documentarista y foto-jornalista freelance. Su fotografía se centra en los conflictos humanos, tanto los violentos como los pacíficos, y apunta a alentar al entendimiento mediante el acogimiento de interés, y haciendo ajeno lo familiar. 

Pueden seguirlo en su Sitio Web, Twitter e Instagram. El artículo original fue publicado aquí.

Fuentes:

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