Columna del Editor: ¿Smartphones vs. Réflex? o ¿Smartphones y Réflex?

En este artículo no pretendo ofrecerte conocimientos técnicos sobre DSLRs (Cámara Réflex Digital, en sus siglas en inglés) o de Smartphones, sus ventajas y beneficios, sino que su objetivo es hablar sobre la encarnizada batalla que ambas tecnologías están disputando frente a los espectadores/consumidores, a fotógrafos profesionales y a amateurs de todo el mundo, y por supuesto, también a los que sólo la adoptan por necesidad.

Sólo hace pocos años, la fotografía hecha con teléfonos empezó a mostrarse en auge, no porque existiera previamente, ya que podíamos encontrarla desde los inicios de la telefonía móvil moderna -nunca olvidaré el Sony Ericsson t68i, modelo que incluía una cámara accesoria con resolución VGA, visualización en tiempo real, y pantalla a color, allá por el año 2001- En el colegio todos queríamos uno de esos.

El auge real nació con los teléfonos inteligentes o smartphones, precisamente, el iPhone (2007), si, seguro ya sabías la respuesta. El iPhone, si bien no fue el primero en incluir todos los elementos propios de un teléfono, una cámara (2 MP), y una computadora (Acordarse del Blackberry y Palm), era el que, básicamente, lo hacía con el mejor estilo posible en su época, sin necesidad de que entre en detalles técnicos. Sólo bastaba mirar su interfaz y su diseño... era perfecto. No sólo era símbolo de pertenencia a una clase social privilegiada, sino que a la vez gritaba a todos los vientos: "Soy cool". Recuerdo perfectamente cómo las personas empezaban a tomarse "selfies" (Autorretratos) y otro tipo de fotos, sólo por hacer saber a los otros que las hicieron con un teléfono.

Ni qué decir del momento en el que llegó el Instagram, 3 años después. Ofreciendo la posibilidad de realizar obras de arte al alcance de un toque.

Mientras tanto, la fotografía convencional estaba dejando de lado a los miembros de la vieja escuela, las cámaras analógicas, haciéndonos pensar que hasta ya no las utilizaríamos más, y se adentraba en el mundo de la fotografía digital, compactas y DSLRs de prestaciones moderadas y altas, capaces de reemplazar en cierta medida a la necesidad de utilizar carretes y controles manuales, engorrosos para muchos aficionados e iniciantes.

Con el avance del tiempo, las compactas se volvieron cada vez más poderosas, capaces de alcanzar a las más sofisticadas réflex, creando incluso una nueva especie en la tecnología fotográfica, las EVILs (Cámaras sin espejo de objetivos intercambiables, en sus siglas en inglés), entrando al mercado en agosto del 2008, con su caballito de batalla, la Lumix DMC-G1.

Y, mientras éstas últimas siguen avanzando, amenazan aún con mayor fuerza a los grandes monstruos de la industria, como la Canon T3i o la Nikon D90, por citar a algunas. "No tienen punto de comparación", estarás pensando... y lo más probable es que tengas razón, así como es cierto que un smartphone no se puede comparar a una EVIL, ni mucho menos a una DSLR.

Muchísimo se discute en foros, libros y webs especializadas, sobre cuál es el futuro que le espera a la fotografía. Se comparan especificaciones técnicas, muestras del mercado, los gustos de las personas, los tipos de fotografías realizadas, edades, miles de factores que afectan en mayor o menor medida a las tendencias tecnológicas. 

Lo gracioso es que hasta hay personas (me incluyo), que para escapar del agobio de tener que considerar tantos factores a la hora de adquirir una cámara, simplemente vuelven a la fotografía de hace 40 años, aquella que aún sigue dando tantas satisfacciones a muchos, como lo mencioné en esta otra columna. Así que ¿Cómo es posible que el mercado esté tan dividido como lo está ahora? ¿Existe en el futuro la posibilidad de unificación?

Pero volviendo al tema que me trajo a escribir esta nota, la gota que colmó el vaso, llegó cuando me enteré de que el Lumia 1020, valuarte tecnológico de nuestra era, con una cámara de 41 MP ¡Ahora trae controles manuales! Sí, velocidad de obturación, apertura del diafragma, ISO, valor de exposición, todo lo que se te pueda ocurrir. Qué mejor forma de decir: "Prepárense para el futuro de la fotografía".

Por supuesto, tampoco se puede comparar a una cámara cuyo sensor es más grande que el mismo teléfono, y cuyos lentes - algunos de miles de dólares - superan la calidad reflejada por el mismo ojo humano (Es sólo una forma de decir). Por un lado, la tecnología se abarata, ofreciendo la mejor calidad posible, a precios realmente accesibles (smartphones), y por el otro, la tecnología se encarece, ofreciendo calidad más allá de lo imaginado, a precios fuera de órbita (Réflex). No por nada digo que se trata de una batalla encarnizada.

Sony QX-10 con Xperia X2 - Imagen de IGN.com
Y si lo del Nokia Lumia fue la gota que colmó el vaso, la que lo derramó fue el lanzamiento, por parte de Sony, de accesorios capaces de incorporar lentes y sensores dedicados a los smartphones... Si hasta ahora te parecía que la línea que separaba teléfonos, de cámaras de grandes portes, no se veía borrosa, con este anuncio, las cosas ya no parecen tan simples.

Y sin embargo, las compañías siguen resistiendo al asalto de lo accesible, la pregunta es: ¿Cuánto más podrán resistir?

¿Cuál será la tecnología que caiga primero? ¿Se convertirán, las DSLRs actuales, en piezas raras de colección dentro de 10 o 20 años, así como lo hicieron las SLRs de hace 30?

¿Seremos capaces de afrontar el cambio y adaptarnos? He leído y visto decenas de casos, en los que fotógrafos profesionales pasaron a realizar su trabajo con teléfonos, en donde hasta la edición realizaban. Sin duda éstos son los primeros pasos del cambio.

No puedo responderles con exactitud, pero la historia nos ha enseñado que los avances ocurren de esta manera. Y quizás pueda darse la posibilidad de que en un futuro, todas estas tecnologías terminen conviviendo, y no reemplazando la una a la otra, convergiendo sobre sí mismas.

Porque por las actividades que realizo, en algún momento tuve que recurrir a esas viejas enseñanzas sobre probabilidad y estadística de las que me quejaba en el colegio, llegué a la conclusión de que muchas veces, la pregunta correcta no es: ¿Cuál es la probabilidad de que esto ocurra? Sino que es: ¿Existe la probabilidad de que esto ocurra?. Y si la respuesta es sí, pues vámonos preparando...





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