Columna del Editor: Los Tiempos Cambian... ¿o No?

Sólo tiempo después pude darme cuenta, pero todo se remonta a unos días atrás...

Tenía que acompañar a mi mamá a hacer las compras, y aunque me mostré reticente a hacerlo la mayor parte del tiempo, considerando que realizar estas tareas, suele llevarle entre 2 y 3 horas, terminé accediendo de igual manera. Verán, la espera que conlleva el proceso de elegir los suministros uno por uno, resulta casi eterna en ocasiones, nada digo de las veces que se encuentra con conocidos, y se dedica a hablar por horas, convirtiéndose éstos en los motivos por los cuales esta suerte suele quedar en manos de papá, mucho más sabio, y por lo tanto mucho más paciente que yo.

Siglo XIX
Pero en fin, esta vez fui yo el afortunado, así que antes de que todo me tome por sorpresa, preparé (cargué) "The Photographer's Eye" en mi smartphone (Kindle) y me preparé para afrontar el ocio.

Para mi suerte, luego de estacionar el auto y acompañar a mi mamá hasta la entrada, logré ver una cafetería con una pequeña terraza, recién inaugurada, a un costado. Así que me tomé un rato para cerciorarme de que mamá no necesitara ayuda por el momento, y decidí ir a sentarme; elegí quedarme en el balcón, ya que me gusta ver gente pasar, y de paso pedí una pequeña tarta y un café pequeño, para acompañarme con mi lectura.

Eran las 3 de la tarde, más o menos, por lo que no había nadie más que yo, exceptuando la gente que compraba cosas para llevar, y que luego desaparecía.

Llegó un momento, mientras leía sobre la secuencia de Fibonacci (Que, les aseguro, intenté entender), que un hombre, quizás unos decenios mayor que yo, se sienta en el extremo contrario del balcón, y de igual manera, pide un café y un sándwich de queso caliente, mientras extiende el diario del día.

Por lo que pude notar, el hombre venía de caminar, puesto que llevaba ropa informal, pero de la que uno llevaría para ejercitar, un par de tennis gastados, y una gorra contra el fuerte sol. Así también, parecía que esperaba a alguien, pues no se mostraba con impaciencia, y se sumergía casi de lleno en su lectura... inferí eso puesto que nadie atravesaría todo un estacionamiento, a éste horario, y en este contexto, sólo para venir a tomar café aquí... algo lo trajo.

Siglo XXI
Así como se dieron cuenta, lo miré y lo observé con detenimiento, sin ser irrespetuoso, por supuesto, y como cualquier otro haría en la misma situación, y luego volví a mi teléfono/libro. Habría transcurrido poco más de una hora, ya había avanzado unos capítulos, y de igual manera, el hombre me evaluó en algún momento; evidentemente, tanto él como yo notábamos alguna resemblanza, especialmente, cuando comparamos lo que el otro hacía y leía cada tanto; seguíamos siendo los únicos.

Cuando, pasada media hora más, suena mi teléfono, y mamá me pide que vaya a ayudarla, no pude evitar, al levantarme y tomar mis cosas, hacer una pequeña reverencia con la cabeza al señor. Él lo hizo de igual manera, como harían conocidos que se encuentran por casualidad, pero sin intención de interrumpirse.

Hoy entendí, que puede que los tiempos cambien, pero las costumbres y las personas, siguen iguales. Y así, en la fotografía, muchos temen que la llegada de la popularización de este arte, por los medios que ya conocen , pueden terminar degradándola, pero la realidad es, que artistas fueron en 1850, y artistas lo seguirán siendo hoy en día, indistintamente del medio que usen.

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